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Sociedad

Sinestesia: cómo es vivir viendo colores, sabores y formas en las personas y por qué una ley busca visibilizar esta condición

Héctor cuenta cómo experimenta la sinestesia proyectiva, una particular forma de percepción en la que los sentidos se entrecruzan y pueden traducirse en colores, sabores, texturas y figuras geométricas. Además, explica el significado de “Seis macarons y un café”, el lado fascinante y el más difícil de esta experiencia y el objetivo de la Ley 6742 de CABA.

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Redacción Mendoza
PorRedacción Mendoza
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28 agosto 2026 · 16:00
Sinestesia: cómo es vivir viendo colores, sabores y formas en las personas y por qué una ley busca visibilizar esta condición.Foto Legislatura CABA.
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La sinestesia es una particular forma de percepción humana que puede hacer que los sentidos se relacionen entre sí de una manera involuntaria. Para Héctor, quien asegura vivir una experiencia de sinestesia proyectiva, se trata de una condición neurobiológica con la que se nace y que representa una variación en la manera en que cada persona percibe la realidad.

“Cada persona tiene una percepción distinta a la otra”, explica. En los sinestésicos, los sentidos pueden funcionar como si estuvieran conectados. Cuando se activa uno, como el oído, también pueden aparecer automáticamente percepciones vinculadas con la visión, el gusto, el tacto u otros sentidos.

La diferencia, según explica, es que mientras una persona puede procesar esa información internamente, en su caso las sensaciones llegan a proyectarse.

“Es como si tuviéramos un monitor”, describe.

¿Qué es la sinestesia?

Héctor diferencia distintas formas de sinestesia. Por un lado, está la sinestesia asociativa, que lleva automáticamente a relacionar un estímulo con otro fenómeno. Una persona puede escuchar algo y asociarlo con un color, un sabor o una textura.

También está la sinestesia proyectiva, que es la que él asegura tener. En este caso, aquello que se percibe no queda solamente como una asociación mental, sino que se proyecta de manera visual.

“Literalmente vemos los colores, vemos los tonos y vemos literalmente el sabor”, explica.

Además, aparecen figuras geométricas que forman parte de esa percepción.

Otra variante es la denominada sinestesia espejo sensorial, que puede ser táctil o no táctil. Héctor explica que todos los seres humanos pueden reaccionar frente a determinados fenómenos desagradables: taparse los ojos ante una imagen, evitar un ruido o experimentar rechazo.

En una persona con espejo sensorial, esa reacción puede proyectarse nuevamente. Puede aparecer un color discontinuo, un sabor desagradable, una sensación de inestabilidad o distintas respuestas corporales y emocionales.

“Es abrumador porque lo terminamos proyectando”, señala.

Para Héctor, mientras un cerebro que procesa los sentidos de manera paralela puede percibir determinada información sin visualizarla, en el caso de los sinestésicos los sentidos “cruzados” hacen que esa información pueda proyectarse.

De esta manera, un objeto o una persona pueden traducirse para él en colores, figuras geométricas y sensaciones.

¿Cómo se manifiesta en las personas?

Según su explicación, las tres experiencias pueden interactuar: la asociativa, la proyectiva y el espejo sensorial.

Héctor también señala que existen personas reconocidas a las que se les atribuyen experiencias sinestésicas, entre ellas artistas y personalidades como Lady Gaga, Miguel Bosé y Stevie Wonder, además de matemáticos y poetas.

La diferencia que marca en su propio caso es que no solamente realiza una asociación, sino que la proyecta.

Para explicarlo utiliza nuevamente una comparación: “Como si tuviéramos un televisor”.

Si alguien le cuenta una historia, esa persona puede simplemente escucharla y comprenderla. Héctor asegura que, además, él puede visualizarla.

La escena se completa con un marco, colores subjetivos, movimientos y formas. Incluso un abrazo, un apretón de manos o un determinado movimiento pueden adquirir para él un color, un sabor, una textura y una forma geométrica.

“Nosotros lo visualizamos”, resume.

Aclara que estas características no significan que los sinestésicos tengan un cerebro que funcione de manera completamente diferente al resto de las personas. La diferencia está en esa particular conexión entre los sentidos.

“Prácticamente funcionamos como todos. No hay ninguna diferencia más que nacemos con los sentidos entremezclados o como si los puentes se tocaran”, explica.

¿Qué es “Seis macarons y un café”?

La experiencia de Héctor también dio lugar a una propuesta denominada “Seis macarons y un café”, que utiliza como una forma de encontrarse con otras personas y, al mismo tiempo, acercarlas a su particular manera de percibir.

“Es una excusa primero para encontrar un vínculo con el invitado, con el lugar”, explica.

Los macarons tienen una característica fundamental para esa experiencia: permiten trabajar con distintos estímulos sensoriales. Tienen colores, texturas, sabores y aromas.

Por eso, Héctor considera que se trata de una forma práctica y empírica de utilizar indicios e indicadores para que los invitados puedan aproximarse, indirectamente, a lo que él y otros sinestésicos pueden percibir.

El juego comienza cuando el invitado elige un color. Cuando la persona, el lugar, un museo o incluso una pintura coinciden con el color que Héctor está percibiendo, se produce para él una especie de unidad.

A partir de allí comienza un intercambio que define como un “juego divertido”.

La experiencia también busca romper con las referencias habituales del espacio y el tiempo. El momento de compartir el macaron genera una situación en la que, para él, no existe alguien adelante, atrás, al costado, arriba o abajo.

Si pudiera tomar una fotografía desde afuera, explica, se vería a la persona eligiendo un macaron, saboreándolo y compartiéndolo con él.

“Y ahí conocemos al verdadero personaje”, afirma.

¿Por qué son seis macarons?

El número seis también tiene un significado.

Héctor explica que tradicionalmente se habla de cinco sentidos. Para él, el sexto elemento es justamente la sinestesia.

Aclara que no lo vincula con una percepción espiritual. Su mirada está relacionada con la biología y con el funcionamiento del cerebro.

“Somos seres biológicos”, sostiene.

Según su concepción, el cerebro funciona como una computadora que construye también nuestra realidad. Por eso insiste en diferenciar la sinestesia de cualquier explicación sobrenatural.

Reconoce que tiene fe en aquello que no puede ver y que no discute determinados fenómenos vinculados con la espiritualidad, pero considera que su experiencia sinestésica es completamente biológica.

“Lo que me pasa a mí es totalmente biológico”, afirma.

¿Qué pasa cuando una entrevista se vuelve incómoda?

“Seis macarons y un café” también funciona como una herramienta para generar un clima más relajado.

Héctor cuenta que en algunas ocasiones la conversación puede volverse disfuncional o generar cierta incomodidad. En esos casos, preguntar por el color elegido o por el sentido utilizado para seleccionar el macaron puede provocar vergüenza o incomodidad en el invitado.

Por eso aparece el café como una manera de relajar el momento.

El objetivo no es solamente hablar sobre sinestesia, sino generar una experiencia que permita conocer al otro a través de los sentidos.

¿Qué es lo más fascinante de la sinestesia?

Para Héctor, lo más fascinante es tener una habilidad diferente.

“No mejor ni peor, distinta”, remarca.

La posibilidad de ver colores vinculados con otras personas le permite acercarse desde una perspectiva que considera más amable y amena.

En ese proceso aparece el abrazo, el encuentro y la posibilidad de acercarse sin miedo a conocer al verdadero ser humano.

Cuenta que, después de más de 65 entrevistas y encuentros, una de las palabras que más aparece es “empatía”.

Pero también hay otros elementos que, desde su percepción, adquieren significado.

Por ejemplo, la vestimenta.

Si una persona utiliza un pulóver rojo, ese color puede representar para él la fuerza. El marrón se relaciona con la tierra y el planeta. El amarillo representa el amor.

Si alguien se viste de esa manera de forma inconsciente, Héctor interpreta que existe una coincidencia entre esos colores y determinados aspectos de la persona.

“Por eso me voy a entregar, te voy a dar un abrazo, te voy a dar un apretón de mano, voy a dar lo mejor para vos”, explica.

Para él, esa posibilidad de encontrar al otro desde los colores es uno de los aspectos más fascinantes de la sinestesia.

¿Cuál es el lado negativo?

Pero la misma percepción que puede acercarlo a una persona también puede generar el efecto contrario.

Héctor cuenta que cuando determinados colores aparecen juntos puede experimentar una sensación negativa.

En su caso, menciona específicamente el celeste, el azul y el gris. Cuando esos tres colores se acoplan “como un nudo”, la percepción subjetiva que recibe está relacionada con la desconfianza.

“Esa persona para mí, subjetivamente, no es de confiar”, explica.

En esos casos puede aparecer una sensación que lo lleva a alejarse. No necesariamente de manera abrupta, sino progresivamente.

Los tres colores juntos pueden representar para él duda, mentira o engaño.

Sin embargo, aclara que separados esos colores pueden tener significados completamente diferentes.

El gris, por ejemplo, puede representar amabilidad, conocimiento, lectura, información, recuerdos, bibliotecas y libros.

El azul puede significar un abrazo.

El celeste, en cambio, es un color que para él aparece intervenido y le genera dudas cuando se combina con los otros dos.

La experiencia, entonces, tiene dos caras.

Por un lado, está el encuentro, el amor, los colores, los sabores y la posibilidad de acercarse al otro. Por el otro, aparecen las sensaciones relacionadas con la falsedad, la mentira, el engaño, la violencia y la agresividad.

“De un lado tenemos todo un paraíso maravilloso y del otro lado un abismo interminable”, sintetiza.

La soledad en la era de la comunicación

Héctor también vincula la sinestesia con una problemática más amplia de la sociedad actual.

Considera que vivimos en una época marcada por los encuentros virtuales y por una comunicación cada vez mayor a través de dispositivos, pero que, paradójicamente, las personas pueden sentirse cada vez más solas.

Por eso, para él, uno de los grandes valores de su experiencia es recuperar el encuentro cara a cara.

El abrazo, el apretón de manos y la posibilidad de conocer verdaderamente al otro aparecen como elementos centrales.

La sinestesia, desde su perspectiva, puede convertirse así en una herramienta para comprender mejor a las personas.

¿Cuál es el objetivo de la Ley 6742?

Héctor considera que la Ley 6742 de CABA representa un reconocimiento fundamental para quienes viven experiencias sinestésicas.

Después de años de trabajo y de exposición pública, sostiene que la norma no lo legitima solamente a él, sino que abre la puerta para que otras personas puedan reconocerse y hablar.

Cuenta que muchas personas se acercaron en privado para decirle: “Héctor, me pasa lo mismo, siento lo mismo, pero tengo miedo de hablar”.

Ese miedo puede aparecer especialmente entre artistas, actores, actrices, cantantes o personas que desarrollan actividades públicas y temen ser consideradas “locas” si cuentan lo que experimentan.

Para Héctor, justamente allí está uno de los principales sentidos de la ley: terminar con ese temor.

De La Plata a la Ley de CABA

El camino hacia el reconocimiento, explica, tuvo distintos momentos.

Primero fue declarado de interés cultural en su ciudad natal, La Plata, a través del Concejo Deliberante.

Luego llegó el reconocimiento de la Honorable Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires.

Finalmente, destaca la aprobación de la Ley 6742 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Para Héctor, cada una de esas instancias fue un paso para sacar a la sinestesia de las sombras.

“Hasta hace cinco años, cuatro, hasta que salió la ley, uno vivía en las sombras, escondiendo. Ahora no hay que esconderse”, sostiene.

Su mensaje para quienes puedan identificarse con experiencias similares es concreto: buscar ayuda profesional, consultar con médicos y psicólogos y realizar los estudios correspondientes.

La intención, afirma, no es alimentar el misterio sino comprender científicamente qué sucede.

Una condición, no una enfermedad ni algo sobrenatural

Héctor insiste en que la sinestesia no debería presentarse como algo espiritual ni como una característica que haga a alguien superior.

Es, desde su perspectiva, un rasgo más de la mente humana.

“Somos un rasgo más”, sostiene.

Por eso considera que la sociedad debería aprender a incorporar distintas formas de percepción, del mismo modo que busca comprender otras condiciones y diversidades.

También cree que la educación tiene un papel fundamental.

Los niños que experimentan sinestesia pueden crecer durante años sin saber cómo explicar lo que sienten. Él mismo asegura haber pasado gran parte de su vida percibiendo colores y sabores y aprendiendo a ocultarlo.

En muchos casos, señala, estas características pueden expresarse a través del arte, la música o la poesía.

No considera necesario que todos los sinestésicos tengan capacidades artísticas extraordinarias. Incluso cuenta que él mismo no se considera un gran músico, que toca la guitarra como puede y que tampoco tiene una formación académica destacada en esa disciplina.

Pero la sinestesia forma parte de su manera de vivir y comprender el mundo.

La ciencia como punto de partida

Héctor sostiene una defensa permanente de la ciencia y de la investigación.

Recuerda que la expectativa de vida y las condiciones de vida de las personas cambiaron radicalmente gracias al desarrollo científico, médico y tecnológico.

Por eso considera que cualquier afirmación relacionada con la sinestesia debe poder estudiarse y demostrarse.

La ley, desde su perspectiva, representa una oportunidad para impulsar ese conocimiento.

Al mismo tiempo, reconoce que lleva años sometiéndose a estudios para comprender su propia condición y que está cansado de sentirse como una especie de “ratita de laboratorio”.

Sin embargo, asegura que está dispuesto a continuar divulgando la sinestesia y a generar conciencia sobre ella.

Una nueva forma de comunicación

Héctor también imagina un futuro en el que la comunicación pueda ir más allá de las palabras.

Considera que los sonidos, los colores, los sabores y las texturas podrían tener un papel cada vez más importante en la manera en que las personas transmiten información.

No habla de telepatía, sino de una posible comunicación no verbal.

Desde esa perspectiva, cree que la sinestesia podría ser apenas una pequeña muestra de lo que en el futuro podría desarrollarse en materia de comunicación humana.

Para él, si el mundo pudiera avanzar hacia una forma de comunicación más profunda, quizás también sería posible modificar algunas de las formas actuales de relacionarse.

Llevar la ley más allá de Argentina

Otro de los objetivos que Héctor plantea es difundir el reconocimiento de la sinestesia fuera de Argentina.

Menciona su intención de llevar el mensaje hacia países de Sudamérica como Uruguay y Venezuela y también hacia distintas partes de Europa.

Se define como el primer y, según afirma, hasta ahora único sinestésico “legal” de Argentina, en el sentido de contar con un reconocimiento mediante una ley.

Pero asegura que no quiere que eso se transforme en una cuestión personal.

Lo que busca es que otras personas puedan identificarse, hablar y dejar de esconder aquello que sienten.

“No me gustaría que me estudien más como una ratita de laboratorio, pero sí difundirla”, afirma.

El objetivo final: divulgar, educar y aceptar

Para Héctor, el desafío ahora es transformar el reconocimiento legal en divulgación, conciencia y educación.

Considera que el Estado también tiene responsabilidad en esa tarea y que la información debería llegar a las escuelas para que los niños que tienen una percepción diferente puedan crecer comprendiendo lo que les sucede.

No se trata de colocar a los sinestésicos en una categoría superior ni de convertir la sinestesia en una religión.

De hecho, rechaza explícitamente esa posibilidad y también aclara que no pretende ir en contra de ninguna religión.

Su postura es otra: defender el conocimiento y la mirada científica sobre una condición que, durante mucho tiempo, permaneció oculta.

“Somos seres biológicos y eso es maravilloso”, afirma.

Y esa es, en definitiva, la idea que atraviesa todo su relato: la sinestesia no es mejor ni peor que otras formas de percibir. Es diferente.

Por eso considera que la Ley 6742 puede marcar un punto de inflexión para que quienes ven colores donde otros ven solamente personas, quienes encuentran sabores en los sonidos o formas en las sensaciones, puedan dejar de esconderse.

La invitación final de Héctor es a hablar, estudiar, comprender y encontrarse.

“Ojalá más gente pueda escuchar y más gente pueda salir y nos podamos encontrar y darnos un abrazo eterno todos”, concluyó.

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