El Gobierno de Mendoza aprobó la actualización del Plan de Gestión de la Reserva Provincial Manzano-Portillo de Piuquenes, que estableció los lineamientos para la conservación y el uso del área protegida durante el período comprendido entre 2026 y 2036.
La nueva planificación surgió luego de un extenso proceso de trabajo técnico y científico que permitió sumar información actualizada sobre el territorio, sus ecosistemas, la biodiversidad y las actividades humanas que se desarrollaron dentro de la reserva.
La elaboración del documento estuvo a cargo de un equipo interdisciplinario del Ministerio de Energía y Ambiente y contó con diferentes instancias de participación de la Municipalidad de Tunuyán, integrantes de la comunidad local y otros actores relacionados con el área protegida.
La actualización respondió a distintas transformaciones que se registraron durante los últimos años. Entre ellas se encontraron el crecimiento sostenido de la actividad turística, la presencia del alga invasora Didymosphenia geminata, conocida como dídimo, y una mayor presión humana sobre determinados sectores de la reserva.
El director de Áreas Protegidas, Iván Funes Pinter, explicó que el nuevo esquema tendría vigencia entre enero de 2026 y enero de 2036. Además, contempló una revisión de su implementación a los cinco años y la posibilidad de introducir modificaciones de acuerdo con los resultados obtenidos mediante el monitoreo, los avances científicos y las necesidades ambientales.
El funcionario también señaló que continuarían los talleres con la comunidad para mantenerse atentos a las necesidades que surgieran y permitir que la información disponible siguiera actualizándose a partir de esos intercambios.
El agua, uno de los principales ejes de la gestión
Uno de los aspectos centrales del nuevo plan estuvo relacionado con el fortalecimiento de la protección de los recursos hídricos. La planificación incorporó una mirada integral sobre el sistema de agua de montaña y contempló glaciares, nacientes, zonas de recarga, aguas subterráneas, vegas, vertientes, humedales, ríos y arroyos.
El objetivo de este enfoque estuvo puesto en preservar los procesos hídricos que permitieron sostener los ecosistemas altoandinos y que, a su vez, tuvieron una importancia fundamental para el oasis productivo del Valle de Uco.
La actualización también reforzó las medidas destinadas a conservar la biodiversidad, la geodiversidad y el patrimonio natural, histórico, cultural y arqueológico existente dentro de la reserva.
Cómo quedó organizada la zonificación de la reserva
El nuevo Plan de Gestión estableció una zonificación interna que determinó diferentes niveles de intervención y conservación. Todo el territorio quedó comprendido dentro de la categoría de Zona de Uso Controlado, que a su vez se dividió en tres sectores: área de máxima conservación, área de uso restringido y área de uso controlado.
El área de máxima conservación incluyó, entre otros espacios, los glaciares junto con una zona de amortiguación de 400 metros, los cursos de agua y vegas con una franja de protección de 60 metros, hábitats correspondientes a especies consideradas clave o que contaran con categorías especiales de conservación, geositios y lugares de valor histórico y cultural.
En esos sectores solamente quedaron habilitadas actividades de investigación, monitoreo y educación ambiental que contaran con autorización. También se contemplaron el ecoturismo y el turismo de naturaleza de bajo impacto, los deportes de montaña regulados y el tránsito peatonal, equino o en bicicleta en aquellos sectores que fueran habilitados.
El plan estableció además una serie de actividades que no estarían permitidas en estas áreas. Entre ellas se encontraron la explotación minera y de hidrocarburos, la caza y pesca comercial, la introducción de especies exóticas, las obras de infraestructura que pudieran poner en riesgo los ecosistemas y los asentamientos humanos permanentes, con excepción de aquellos que fueran necesarios para la administración del área protegida.
Para avanzar con la aplicación de estas medidas, el documento contempló un fortalecimiento de la presencia de guardaparques mediante nuevas seccionales. También se incluyeron mejoras en los accesos destinados a las tareas de control y la instalación de hitos o mojones que permitieran reconocer con mayor precisión sobre el terreno los límites de la reserva.
Protección de la flora, la fauna y el patrimonio histórico
La actualización sumó nuevos valores de conservación relacionados con la fauna de la reserva. Entre las especies contempladas se encontraron el cóndor andino, el guanaco, el puma, el chorlito de vincha y el pato del torrente.
Esta última especie estuvo especialmente vinculada con los ríos y arroyos de montaña que presentaron aguas limpias y bien oxigenadas.
A esos valores de conservación se agregaron los glaciares y los ambientes periglaciales, los cursos de agua, los geositios y las formaciones geológicas características de la zona.
El nuevo plan también incorporó medidas para proteger sitios que reflejaron siglos de ocupación y circulación humana por la cordillera. Entre ellos se encontraron la Huella Histórica, Guardia Vieja, los corrales de La Remonta y el Portillo Argentino.
Se trató de un territorio que había sido atravesado desde tiempos prehispánicos y que posteriormente había funcionado como una ruta de comunicación y tránsito entre el Valle de Uco y Chile.
La reserva también conservó espacios relacionados con antiguas redes de circulación andina y con el Qhapaq Ñan. A ellos se sumaron vestigios indígenas, hispanocriollos, religiosos y paleontológicos, que formaron parte del patrimonio protegido dentro del área.
Una planificación para los próximos diez años
La gestión de la Reserva Provincial Manzano-Portillo de Piuquenes quedó estructurada a partir de diferentes programas vinculados con la conservación, la investigación y el monitoreo, el manejo de los recursos naturales, el trabajo con las comunidades, el uso público y el fortalecimiento institucional.
Entre las acciones previstas se incluyeron el seguimiento de la biodiversidad y de los recursos hídricos, la protección de especies amenazadas y hábitats críticos, el control de especies exóticas y de incendios, la conservación de glaciares y humedales y la realización de estudios destinados a ampliar el conocimiento sobre el territorio.
El cumplimiento de los objetivos establecidos en el Plan de Gestión sería evaluado a través de planes operativos anuales. Ese mecanismo contemplaría indicadores de avance, análisis de los resultados obtenidos y modificaciones en las prioridades cuando las circunstancias hicieran necesario realizar ajustes.
De esta manera, la actualización del plan fijó una hoja de ruta para los próximos diez años, con el objetivo de ordenar las actividades que se desarrollaran en la reserva y reforzar la conservación de sus recursos naturales, hídricos, ambientales, históricos, culturales y arqueológicos.





