Entre copas de vino, montañas de fondo y una tarde cálida que acompañó hasta entrada la noche, el Wine Rock Sessions 2026 volvió a ofrecer una experiencia distinta dentro del calendario cultural mendocino. La bodega Lomas del Malbec fue nuevamente el punto de encuentro para un festival que apuesta más a la vivencia integral que al formato tradicional de recital masivo.
Aunque esta edición convocó a un público más reducido que la anterior, la propuesta mantuvo su esencia: combinar música en vivo, gastronomía y cultura del vino en un mismo recorrido sensorial.
La actividad comenzó durante la tarde con las primeras presentaciones musicales, que marcaron el tono relajado del evento. La apertura estuvo a cargo de Esperanzah, quien conectó rápidamente con los asistentes gracias a una interpretación sólida y una propuesta íntima que encajó perfectamente con el entorno natural.
Luego llegó el turno del trío mendocino Néctar 02, que aportó un set cargado de matices alternativos y versiones reinterpretadas, consolidando la presencia de artistas locales dentro de la programación. En paralelo, el DJ Panza sumó su impronta electrónica con sets que mezclaron ambient, clásicos del rock argentino y sonidos retro, generando un clima ideal para recorrer el predio.
Más allá de los escenarios, el festival ofreció múltiples actividades vinculadas al universo gastronómico y vitivinícola. Degustaciones, charlas especializadas y experiencias interactivas convivieron con espacios pensados para el descanso y la contemplación del paisaje. Una de las propuestas más convocantes fue la actividad de elaboración de alfajores artesanales, que invitó al público a participar activamente.
Con el correr de las horas, el predio comenzó a llenarse y el clima festivalero tomó mayor intensidad. Pasado Verde subió al escenario con un show breve pero energético, acompañado por seguidores que celebraron cada canción y reafirmaron el vínculo de la banda con el público local.
El atardecer encontró su punto más emotivo con la presentación de Estelares. La banda liderada por Manuel Moretti desplegó un repertorio repleto de clásicos que fueron coreados de principio a fin, generando uno de los momentos más celebrados de la jornada.

Ya entrada la noche, Catupecu Machu aportó potencia y emoción con un show intenso que incluyó invitados especiales y versiones inesperadas. La presencia escénica de Fernando Ruiz Díaz volvió a demostrar la vigencia de una banda que mantiene intacta su energía a lo largo de los años.
El cierre musical quedó en manos de Ratones Paranoicos, que transformaron el predio en una verdadera fiesta rockera con una seguidilla de canciones emblemáticas. Su presentación levantó definitivamente al público y puso el broche ideal a una jornada que combinó nostalgia, celebración y disfrute colectivo.
Cuando parecía que todo terminaba, la DJ brasileña Jessica Brankka tomó el control musical y extendió la experiencia con un set bailable que acompañó la cálida noche mendocina.
De esta manera, Wine Rock Sessions reafirmó su identidad como un festival que trasciende el recital tradicional: un espacio donde la música dialoga con el vino, la gastronomía y el paisaje para crear una experiencia pensada para disfrutar sin apuros.




