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Sociedad

Flor Destéfanis presentó su libro en Mendoza: de Reina de la Vendimia a intendenta de Santa Rosa

La intendenta de Santa Rosa presentó su libro en la Sala Magna del Centro de Congresos y Exposiciones de Mendoza, donde repasó su experiencia como Reina Nacional de la Vendimia, los cuestionamientos que enfrentó, sus primeros pasos en la política y el proceso que la llevó a ganar la intendencia en 2019. También reflexionó sobre el liderazgo femenino, la juventud, el vínculo con la sociedad y la madurez política.

Por
Redacción Mendoza
PorRedacción Mendoza
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8 agosto 2026 · 22:00
Flor Destéfanis repasó su recorrido desde Reina Nacional de la Vendimia hasta convertirse en intendenta de Santa Rosa, y destacó la perseverancia, el trabajo territorial y el vínculo con la comunidad como pilares de su trayectoria política.Foto Codigo Mendoza.
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La presentación se realizó en la Sala Magna del Centro de Congresos y Exposiciones de Mendoza y tuvo al periodista rosarino Tomás Trapé como acompañante. El encuentro se produjo en un momento decisivo para la dirigente peronista, quien transita su segundo mandato al frente de Santa Rosa.

La acompañaron figuras nacionales y dirigentes políticos, entre ellos el ministro de Infraestructura y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires, Gabriel Katopodis; el exintendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi; el intendente de Lavalle, Edgardo González, y su par de Tunuyán, Emir Andraos.

La defensa del rol de la Reina Nacional de la Vendimia fue uno de los ejes centrales de la historia personal y política de Flor Destéfanis. En un contexto en el que la figura de las reinas es motivo de debate, la dirigente sostuvo que para ella la Vendimia representa cultura y, especialmente, cultura popular.

Su vínculo comenzó desde muy joven, cuando fue elegida reina de una institución de su comunidad, el Club Social y Deportivo La Dormida, hasta convertirse en Reina de Santa Rosa y posteriormente alcanzar la corona nacional.

Destéfanis recordó que aquella experiencia significó mucho más que una distinción. Según explicó, le permitió descubrir aspectos de sí misma y comenzar a definir un camino relacionado con lo que quería hacer en su vida.

Durante aquella etapa recorrió distintos puntos de Mendoza y protagonizó situaciones que quedaron grabadas en la memoria de muchos mendocinos. Entre ellas, recordó sus recorridas en colectivos con un megáfono, presentándose como la representante de Santa Rosa y contando su historia a los pasajeros.

Hace 16 años, aquella estrategia de cercanía buscaba darle visibilidad a un departamento que no contaba con una extensa tradición de coronas nacionales. Santa Rosa tenía entonces una sola Reina Nacional de la Vendimia y Destéfanis decidió recorrer el territorio para acercarse a la gente.

La elección nacional terminó con un resultado extremadamente ajustado: ganó por apenas un voto. Ese desenlace generó cuestionamientos y rumores vinculados a las habituales sospechas sobre arreglos o acomodos en las elecciones vendimiales.

La actual intendenta explicó que decidió responder a esas críticas de una manera concreta: con trabajo. Consideró que había recorrido un camino propio para llegar a la corona y que el resultado también representaba el triunfo de todo un pueblo que, después de 24 años, volvía a tener una Reina Nacional.

Durante todo su año de reinado mantuvo una intensa actividad. Recorrió la provincia mediante programas solidarios, actividades protocolares, propuestas culturales y encuentros populares. También visitó Santa Rosa y tuvo la posibilidad de viajar como representante de la Vendimia a Brasil, Estados Unidos y España.

Para asumir esa tarea con responsabilidad, contó que se preparó y estudió portugués e inglés, especialmente pensando en actividades vinculadas con las ferias de vino y el turismo. Para ella, representar a Mendoza implicaba mucho más que llevar una corona.

A los 19 años entendía que tenía la responsabilidad de representar a otras personas y también de demostrar que merecía el lugar que había obtenido. En ese proceso, además, tuvo que enfrentar cuestionamientos relacionados con su apariencia.

Destéfanis recordó que fue criticada por no responder al estereotipo de belleza que algunos esperaban de una Reina de la Vendimia. Frente a una imagen tradicional asociada a mujeres rubias y de ojos claros, ella se presentaba como una joven morocha, de piel oscura y ojos negros, proveniente de un pequeño pueblo.

Lejos de convertir esas críticas en un obstáculo, decidió utilizarlas como una fortaleza. Con el paso de los años, incluso encontró una contradicción: quienes antes cuestionaban que no respondiera a determinado canon de belleza, posteriormente atribuyeron su llegada a la intendencia precisamente a su apariencia.

Para Destéfanis, esa situación refleja una problemática que atraviesa a muchas mujeres cuando buscan ocupar espacios de protagonismo. La belleza puede funcionar como una doble credencial: en algunos momentos es utilizada para reconocer y, en otros, para descalificar.

La dirigente remarcó que su llegada a la corona no estuvo vinculada solamente con la apariencia, sino con el trabajo, la cercanía y la capacidad de representar a la gente.

Además, planteó que el papel de la Reina de la Vendimia tiene una dimensión mucho mayor. La representante no simboliza solamente a una mujer con vestido, capa y corona, sino también a una industria vitivinícola y a una fiesta que genera trabajo para distintos sectores de la industria artística de Mendoza.

Ese recorrido la llevó a preguntarse qué quería hacer con su vida y cuál podía ser su aporte. A partir de allí comenzó a involucrarse cada vez más en la gestión pública. Primero en la Municipalidad de Santa Rosa y luego en el Ministerio de Desarrollo Social, fue encontrando espacios en los que podía desarrollar aquello que la hacía feliz y que consideraba que podía aportar.

Destéfanis explicó que una de las razones por las que decidió hacer política fue la posibilidad de transformar la vida de otras personas desde el Estado mediante políticas públicas.

El comienzo de la construcción política en Santa Rosa

El proyecto político que posteriormente la llevaría a la intendencia comenzó a gestarse en 2016, cuando tenía alrededor de 25 años. Ese año fue candidata a intendenta de Santa Rosa, en un escenario especialmente complejo.

En aquel momento, el departamento atravesaba una situación política difícil, con un intendente que se encontraba detenido y que posteriormente debió presentar su renuncia. A nivel nacional también se había producido un cambio de signo político, mientras que Alfredo Cornejo acababa de asumir como gobernador de Mendoza.

Destéfanis, identificada con el peronismo, decidió comenzar de todos modos la construcción de un proyecto político diferente.

Uno de los símbolos de esa etapa fue un pequeño cuaderno verde que le había regalado una vecina. Con ese cuaderno recorrió casa por casa Santa Rosa desde abril hasta diciembre de 2016.

La tarea consistía fundamentalmente en escuchar. Presentarse ante los vecinos, conocer sus problemas y registrar sus inquietudes, aun sabiendo que probablemente muchas de esas demandas no podían resolverse de manera inmediata.

Aquella militancia territorial buscaba reconstruir un vínculo de confianza con la comunidad en un momento en que la política local atravesaba una fuerte crisis.

La elección de 2016 terminó con una derrota para Destéfanis. Sin embargo, la dirigente considera que perder a los 25 años significó un aprendizaje fundamental.

Según su mirada, la derrota también permitió ganar experiencia y comprender que una construcción política no puede depender exclusivamente de los resultados electorales.

Perseverar pese a las derrotas

Después de aquella primera derrota, decidió continuar. El concepto de perseverancia pasó a ocupar un lugar central en su forma de entender la política.

Para Destéfanis, la construcción política no comienza cuando se gana una elección, sino cuando una persona decide permanecer y sostener sus convicciones incluso cuando las condiciones son adversas.

La dirigente sostuvo que retirarse inmediatamente después de una derrota puede impedir reconstruir el vínculo con quienes alguna vez confiaron en un proyecto. Por eso, al día siguiente de perder, volvió a ponerse al frente y continuó trabajando.

Ese proceso la llevó posteriormente a ocupar una banca como concejal. En 2017 volvió a presentarse a elecciones y nuevamente perdió, aunque logró ingresar al Concejo Deliberante.

Aquella etapa coincidió además con un momento personal significativo: estaba embarazada de su primera hija, Juana. Destéfanis recordó ese período como una experiencia hermosa, pese a las limitaciones propias del ámbito legislativo municipal.

En 2019 llegó nuevamente la posibilidad de competir por la intendencia. Muchas personas de su entorno le recomendaban no hacerlo y advertían que lo más probable era que volviera a perder.

La posibilidad de una tercera derrota generaba dudas, pero Destéfanis entendía que el proyecto colectivo necesitaba continuar y que era necesario sostener la presencia política en el Concejo Deliberante.

Finalmente decidió competir otra vez.

La estrategia construida desde aquel cuaderno verde, basada en la coherencia, la perseverancia y la cercanía con los vecinos, terminó dando sus frutos. En 2019 ganó la elección y se convirtió en intendenta de Santa Rosa.

Tenía 28 años cuando asumió en diciembre de ese año.

Las ramas que hay que cortar y las raíces que hay que cuidar

En el capítulo que denomina “La cosecha”, Destéfanis utiliza la metáfora de una planta para analizar la política y su propia experiencia.

El libro, según explicó, evita centrarse en nombres propios y busca plantear cuáles son las ramas que deben cortarse y cuáles son las raíces que deben conservarse.

Entre las “ramas viejas” identifica tres problemas que pueden terminar afectando la estructura política: el reparto injusto y poco transparente de los espacios de representación; la idea de que la unidad debe mantenerse ocultando las tensiones reales; y la tendencia a subestimar a los liderazgos jóvenes o surgidos del interior profundo.

Frente a esas cuestiones, plantea también tres elementos que considera fundamentales para preservar la identidad peronista entendida como herramienta de justicia social.

El primero es cuidar la experiencia de quienes abrieron caminos antes. El segundo consiste en valorar esa trayectoria, incluso cuando algunos métodos puedan ser revisados. Y el tercero, al que considera un capital irremplazable, es mantener el vínculo con la gente.

Para Destéfanis, ese contacto directo con la sociedad constituye una condición indispensable para cualquier construcción política futura.

En ese sentido, recordó que ante determinadas situaciones podría haber optado por apartarse de la actividad política. Sin embargo, decidió acompañar y militar las candidaturas de su espacio con compromiso y convicción.

También destacó que aquella lista logró ganar en el único lugar de la provincia de Mendoza donde obtuvo ese resultado.

Juventud, liderazgo y límites

Otro de los ejes de su reflexión está relacionado con los límites que muchas veces se intentan imponer a los dirigentes jóvenes y, especialmente, a las mujeres.

Destéfanis aseguró que en distintas etapas escuchó cuestionamientos vinculados con su supuesta falta de madurez política o experiencia.

Sin embargo, decidió no aceptar esas etiquetas como límites definitivos. Para ella, esas barreras pueden transformarse en señales que permiten identificar a tiempo hacia dónde avanzar.

Desde esa perspectiva, su recorrido político la llevó a pensar que Mendoza dejó de ser solamente un escenario para convertirse en el proceso que aspira a conducir.

También insistió en la importancia de no perder el vínculo con la sociedad. La política, sostuvo, debe representar a quienes están del otro lado, a quienes confían y esperan que sus dirigentes sean capaces de convertirse en voz y acción.

El riesgo, advirtió, aparece cuando quienes ocupan cargos terminan desconectándose de la realidad cotidiana de la población.

Qué significa la madurez política

La reflexión sobre el poder ocupa otro capítulo importante de su análisis. Destéfanis plantea qué ocurre cuando una persona llega a ocupar espacios de poder, qué hace el poder con esa persona y, fundamentalmente, qué hace esa persona con el poder que tiene.

Para ella, la madurez no aparece de manera automática con el paso del tiempo. Se construye a partir de las experiencias, los vínculos, los territorios y las decisiones tomadas.

En ese marco, propone tres maneras de medir a una dirigente, aunque aclara que ninguna resulta suficiente por sí sola.

La primera es la trayectoria: la historia de quien viene construyendo desde abajo y tiene experiencia territorial.

La segunda es el cargo: la capacidad de quien llegó a una posición institucional desde la cual puede conducir y tomar decisiones.

La tercera son las decisiones: la posibilidad de afrontar resoluciones difíciles, asumir responsabilidades y firmar aquello que corresponde.

Las tres dimensiones son necesarias, pero ninguna por sí sola determina la madurez política.

Una trayectoria sin llegar a los espacios donde se toman decisiones puede quedar reducida a un aspecto testimonial. Un cargo sin trayectoria, en cambio, puede resultar vacío o débil, especialmente cuando se llega a una posición por designación.

Y las decisiones, sin una trayectoria y sin espacios institucionales, pueden terminar diluyéndose rápidamente.

Por eso, la dirigente vincula la madurez política con la capacidad de cuidar aquello que se construyó y comprender que muchas decisiones tomadas en el presente tienen consecuencias a largo plazo.

Gobernar para la próxima generación

Finalmente, Destéfanis planteó una idea que resume buena parte de su concepción política: las decisiones de hoy deben pensarse teniendo en cuenta sus efectos sobre el futuro.

La madurez, en ese sentido, consiste también en saber identificar qué debe resolverse en el presente para que los resultados puedan verse más adelante.

Esa mirada se sintetiza en un principio que, según explicó, utiliza habitualmente para comunicarse con la sociedad: no gobernar pensando en la próxima elección, sino en la próxima generación.

La apuesta, de acuerdo con su planteo, es construir desde el trabajo, la humildad, la perseverancia y el contacto permanente con la comunidad, entendiendo que los resultados políticos no se reducen a una elección, sino que forman parte de un proceso mucho más extenso.

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