La Fiesta de la Cosecha 2026 quedó marcada como una de las ediciones más intensas y convocantes de su historia. En los viñedos ubicados junto al Aeropuerto Internacional El Plumerillo, la banda Las Pelotas junto a la Orquesta Filarmónica de Mendoza ofrecieron un show que rompió esquemas y convirtió la tradicional propuesta vendimial en una verdadera celebración del rock.
El evento, que celebró sus 25 años dentro del calendario oficial de Vendimia, reunió a miles de personas que desde temprano comenzaron a llegar al predio para disfrutar de una jornada que combinó gastronomía, vino y música en un entorno único.


Un predio colmado desde el atardecer
Durante la tarde, el movimiento ya anticipaba una convocatoria masiva. Largas filas de vehículos ingresaron de manera ordenada al predio gracias al operativo de tránsito, mientras mendocinos y visitantes recorrían el Patio Malbec, donde bodegas y foodtrucks ofrecieron propuestas gastronómicas y degustaciones.
El clima musical comenzó a tomar forma con presentaciones de artistas locales y ensambles municipales que aportaron sonidos cuyanos y jazzísticos, preparando el ambiente para el espectáculo central.
La presencia de autoridades provinciales, intendentes y candidatas vendimiales también formó parte de la previa institucional, en una jornada que combinó tradición, cultura y política dentro del espíritu vendimial.
Un homenaje musical a la historia de la fiesta
La apertura oficial estuvo a cargo de la Orquesta Filarmónica de Mendoza, dirigida por Gustavo “Popi” Spatocco, que presentó una obertura especial repasando las distintas ediciones de la Fiesta de la Cosecha. El recorrido musical incluyó momentos emotivos, como el homenaje a Mercedes Sosa, acompañado por guitarras criollas que aportaron una sonoridad cálida y profunda.
Luego llegó uno de los instantes más simbólicos de la noche: la cosecha tradicional. Entre cuecas, gatos y música cuyana en vivo, las candidatas departamentales cortaron racimos de vid en los viñedos ubicados bajo el escenario, manteniendo viva la esencia agrícola del festejo.
Cuando el rock tomó el protagonismo
El clima cambió definitivamente con la aparición de Las Pelotas sobre el escenario. Desde los primeros acordes, el público abandonó la formalidad habitual del evento y se acercó masivamente al frente, generando una atmósfera más cercana a un recital de rock que a un concierto sinfónico tradicional.
La banda liderada por Germán Daffunchio desplegó un repertorio que recorrió clásicos y nuevas canciones, logrando una conexión inmediata con el público. La fusión con la Filarmónica aportó una dimensión sonora distinta, potenciando cada tema y generando momentos de gran intensidad emocional.
Con el correr del show, la energía fue en aumento: manos en alto, banderas argentinas y público cantando cada canción marcaron una postal poco habitual para este tipo de celebración vendimial.
Uno de los momentos más destacados llegó con la participación de la arpista Sonia Álvarez, quien sumó un clima íntimo y delicado en medio del repertorio rockero, demostrando la versatilidad artística del espectáculo.
Un cierre a pura emoción
El tramo final del concierto elevó aún más la euforia colectiva. La combinación de guitarras eléctricas, arreglos sinfónicos y la respuesta del público convirtió el cierre en una explosión de energía que quedará entre las imágenes más recordadas de la Fiesta de la Cosecha.
La despedida llegó con una canción dedicada especialmente a Mendoza, sellando una noche que logró unir tradición vitivinícola, música popular y celebración colectiva.


Vendimia, cultura y proyección internacional
Durante la jornada también estuvo presente el gobernador Alfredo Cornejo, quien destacó que la Fiesta de la Cosecha marca el inicio de la agenda central de Vendimia y subrayó la importancia del evento como vidriera cultural y productiva de Mendoza ante el país y el mundo.
La edición 2026 no solo celebró un aniversario significativo, sino que también dejó una certeza: la combinación entre música sinfónica y rock nacional abrió una nueva etapa para el clásico vendimial, demostrando que la tradición puede reinventarse sin perder su esencia.




