Este viernes se cumplen 165 años del terremoto de 1861, el sismo más devastador registrado en la historia de Mendoza y uno de los episodios sísmicos más trágicos del siglo XIX a nivel mundial. A más de un siglo y medio de aquella catástrofe que transformó para siempre la fisonomía y el destino de la provincia, la capital mendocina impulsa una política cultural activa destinada a preservar, investigar y difundir los vestigios de la antigua ciudad, hoy visibles en el Área Fundacional.
El terremoto ocurrió a las 20.36 del miércoles 20 de marzo de 1861. En apenas dos minutos, la tierra se sacudió con una magnitud estimada de 7,5 en la escala de Richter y una intensidad 9 en la escala de Mercalli. Los relatos de la época describen escenas apocalípticas: el suelo ondulaba bajo los pies de los vecinos y gran parte de Mendoza quedó reducida a escombros en medio de estruendos y derrumbes generalizados.
La tragedia fue inmediata. La mayoría de las construcciones colapsaron, incluyendo edificios emblemáticos como el Cabildo y la Basílica de San Francisco.
El sismo provocó la muerte de 4.247 personas, una cifra estremecedora para la época. La situación se agravó por los incendios posteriores, originados por lámparas de bencina que, al romperse durante el movimiento, propagaron el fuego entre los restos de las viviendas. Las llamas tardaron cuatro días en ser controladas mientras la ciudad intentaba organizar rescates y sobrevivir al desastre.






El nacimiento de una nueva ciudad
El terremoto marcó un punto de inflexión en la historia urbana de Mendoza. La devastación obligó a replantear completamente el futuro de la capital provincial.
Siguiendo el plan del agrimensor francés Julio Balloffet, la ciudad comenzó a reconstruirse en un nuevo emplazamiento, aproximadamente un kilómetro al sudoeste del asentamiento original, en torno a la actual plaza Independencia.
En 1863 las autoridades se trasladaron al nuevo núcleo urbano, dando inicio a una Mendoza moderna. Las edificaciones incorporaron criterios urbanísticos innovadores para la época: calles más amplias, mayor cantidad de plazas y espacios abiertos pensados como zonas de evacuación ante emergencias sísmicas. Ese diseño urbano, que hoy caracteriza a la capital mendocina, nació directamente de la experiencia traumática del terremoto.
Sin embargo, el proceso también implicó un distanciamiento del pasado colonial.
“Fue un momento bisagra en la historia de Mendoza, porque a partir de ahí se traslada la ciudad en torno a la plaza Independencia. El terremoto permitió la reconstrucción con la creación de una nueva Mendoza, pero desde lo histórico se le da la espalda al pasado colonial”, explica Betina Tamiozzo, directora del Museo del Área Fundacional (MAF).
Recuperar la ciudad desaparecida
Durante décadas, la Mendoza colonial permaneció enterrada bajo el tiempo y el olvido. Recién hacia fines del siglo XX la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza impulsó políticas culturales orientadas a recuperar ese patrimonio.
“El municipio recupera esa Ciudad de Mendoza desaparecida con el sismo. La capital ha concretado una política marcadamente patrimonialista con la Casa de San Martín, las Ruinas de San Francisco y el Museo del Área Fundacional”, señala Tamiozzo.
Actualmente, el sitio arqueológico y los espacios patrimoniales del casco histórico son mantenidos íntegramente por el municipio, garantizando su conservación y acceso permanente al público.
El Museo del Área Fundacional: donde la historia vuelve a aparecer
Un hito clave en este proceso fue la creación del Museo del Área Fundacional (MAF) en 1993, primer museo arqueológico de sitio de Mendoza. Surgió a partir de excavaciones que permitieron recuperar los restos del antiguo Cabildo colonial en el mismo lugar donde en 1561 se fundó la ciudad.
La iniciativa transformó la forma de comprender el patrimonio local: el pasado dejó de ser una referencia distante para convertirse en una experiencia tangible, visible bajo las salas del museo.
Hoy el espacio conserva vestigios que permiten reconstruir cómo era la Mendoza colonial que desapareció tras el terremoto, pero que aún permanece bajo el suelo de la ciudad.
A lo largo de sus 33 años de historia, el MAF se consolidó como uno de los principales atractivos culturales y turísticos de la capital, recibiendo anualmente a miles de visitantes entre estudiantes, investigadores, vecinos y turistas nacionales e internacionales. Ubicado en la Plaza Pedro del Castillo, funciona como puerta de entrada a la historia mendocina.
Un circuito patrimonial en crecimiento
El trabajo del museo se extiende más allá de la conservación arqueológica. Desde su creación se impulsaron intervenciones clave como el Centro de Investigaciones Ruinas de San Francisco y el Centro de Interpretación Casa de San Martín, además de nuevas excavaciones que ampliaron el conocimiento sobre la antigua ciudad.
Junto a las Ruinas Jesuíticas de San Francisco —complejo inaugurado en 1730 y único vestigio en pie de la ciudad colonial destruida por el terremoto— el Museo del Área Fundacional conforma hoy uno de los conjuntos patrimoniales más importantes de Mendoza.
La investigación, conservación, diseño educativo y gestión cultural son sostenidos íntegramente por la Ciudad de Mendoza, reafirmando el patrimonio urbano como herramienta cultural, educativa e identitaria.
Una memoria que sigue latiendo
A 33 años de su apertura, el Museo del Área Fundacional renueva su compromiso con la memoria, la educación y la preservación histórica.
El desafío actual es ampliar el circuito patrimonial y profundizar la experiencia del casco histórico para que recorrer el Área Fundacional no sea solo visitar un sitio arqueológico, sino comprender que la historia continúa viva bajo los pasos de quienes transitan la ciudad.
A 165 años del terremoto que transformó para siempre Mendoza, recordar no implica únicamente evocar una tragedia, sino reconocer la capacidad de reconstrucción de una comunidad que supo aprender de su pasado y mantener viva la memoria de la ciudad que dio origen a la actual.




