No importa si el evento es en el Valle de Uco, en el Este, en el Gran Mendoza o al sur de la provincia. Allí están. Armando stands, descargando mercadería, ajustando detalles, esperando al público. La fiesta dura unas horas; el trabajo empieza mucho antes y continúa después.
La Vendimia de Tupungato fue uno de esos escenarios recientes donde esta energía volvió a hacerse visible. Pero las historias no se detienen allí: viajan.
Identidad que se mueve: de pueblo en pueblo
Luciano Arroaes es creador de “Entre Viñas y Montañas”, un proyecto que combina diseño artesanal con identidad mendocina. Su marca no pertenece a un único lugar: pertenece al recorrido.
—Soy de La Consulta, San Carlos. Y como todo emprendedor, arrancamos de a poco, pero hoy estamos en todos lados.
Su stand resume esa esencia: termos personalizados, cuchillos, mates, llaveros y piezas trabajadas con láser que fusionan tradición y contemporaneidad. Objetos cotidianos que se transforman en símbolo de pertenencia.
—Estuvimos en La Consulta hace 15 días, ahora estamos en distintos festivales, después vamos a Maipú, a una doma, y quizás más adelante al Paso Pehuenche. Nos vamos moviendo por distintos puntos de la provincia.
Moverse es parte del modelo. Cada evento es una oportunidad para ampliar público, fortalecer la marca y sostener la actividad.
—Nos pueden encontrar en Instagram como Entre Viñas y Montañas. Ahí también tenemos el QR para que nos sigan.
Detrás de cada producto hay logística, inversión en maquinaria, horas de grabado y kilómetros recorridos. La feria es solo la cara visible de un proceso mucho más profundo.
Producción con conciencia y raíz cultural
En otro stand, Melisa y Quique representan una tendencia que crece en distintos festivales mendocinos: el consumo natural y orgánico con identidad cultural.
—Trabajo cosmética natural a base de hierbas, también elaboro mermeladas orgánicas y comercializamos aceite de oliva. Buscamos ofrecer productos originales que aporten un beneficio real —explica Melisa.
Entre sus propuestas destacan cremas de cannabis para dolores articulares, tinturas madres, repelentes y desodorantes naturales. El eje está puesto en reemplazar productos industrializados por alternativas más saludables.
A su lado, Quique suma el universo vitivinícola:
—Nuestros vinos tienen un proceso orgánico; la mayoría no lleva químicos agregados. Tenemos blancos, tintos, espumantes y un vino especial de familia que no está a la venta.
Las etiquetas están inspiradas en el arte y refuerzan una idea clara: naturaleza y cultura no son mundos separados.
Melisa se encuentra en Instagram como Melisafitocosmetica11_, mientras que los vinos se comercializan bajo el nombre The Other Wine.
Su presencia en distintos encuentros provinciales refleja un cambio en el perfil del consumidor: más informado, más consciente y más atento a la trazabilidad.
El vino que también se vuelve color
Esmeralda, creadora de Creaciones Esmeraldas, lleva casi una década recorriendo ferias con su arte textil.
—Trabajo flores de tela teñidas de manera natural. Estoy usando Malbec, yerba mate y cúrcuma. También hago atrapasueños y cestería china.
Teñir con Malbec es convertir el símbolo de la provincia en pigmento. Es resignificar la materia prima y transformarla en diseño.
—Hace casi 10 años que soy artesana y participo en distintas ferias.
Sin local físico, su espacio es el circuito de festivales y celebraciones culturales. El contacto directo con el público forma parte esencial de su dinámica.
Se la puede encontrar en Instagram como Creaciones Emeraldas y a través de WhatsApp al 2622 67 44 35.
Mucho más que un stand:
Más allá del departamento o el evento específico, el patrón se repite: emprendedores que se trasladan, invierten, producen y apuestan por su proyecto aun en contextos económicos complejos.
Las fiestas populares —como la reciente Vendimia en Tupungato y tantas otras a lo largo del calendario mendocino— no solo celebran tradiciones. También funcionan como plataformas de visibilidad y como puntos de encuentro entre productores y comunidad.
Emprender en Mendoza hoy implica adaptarse, viajar, reinventarse y sostener la pasión cuando el escenario se apaga. Como la vid, cada proyecto necesita tiempo, cuidado y constancia.
En cada festival hay música y brindis. Pero también hay algo más silencioso y persistente: personas que decidieron convertir su identidad en trabajo y su trabajo en camino.
Y ese recorrido, de pueblo en pueblo, también forma parte de la historia que la provincia celebra.




