Las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE) de la Policía de Mendoza tuvieron una participación clave durante distintas situaciones de alta complejidad registradas en la provincia. En lo que llevaba transcurrido de 2026, los equipos especializados habían realizado 32 intervenciones y conseguido salvar 30 vidas.
La FOE estuvo integrada por el Grupo de Resolución de Incidentes y Secuestros (GRIS), el Grupo Especial de Seguridad (GES) y la División Explosivos. Se trató de unidades preparadas específicamente para actuar ante escenarios que requerían capacidades tácticas, negociación y respuestas frente a amenazas de elevada complejidad.
El balance de este año se sumó a las estadísticas acumuladas desde la creación de la unidad, en 2018. Desde entonces, las Fuerzas de Operaciones Especiales habían intervenido en 332 situaciones críticas y habían logrado salvar 445 vidas.


Rescates, negociaciones y operativos especiales
Dentro de las actuaciones realizadas durante 2026, 19 estuvieron relacionadas con rescates tácticos sanitarios. A su vez, otras 12 intervenciones demandaron tareas de negociación, mientras que también se contabilizó una acción disuasiva.
Además, los equipos especializados participaron en tres procedimientos vinculados con medidas judiciales. En ocho de las intervenciones fue necesario utilizar Dispositivos Electrónicos de Control (DEC), una herramienta que permitió ampliar las alternativas disponibles para los efectivos frente a determinadas situaciones críticas.


El entrenamiento para situaciones extremas
La preparación permanente representó uno de los aspectos centrales del trabajo de las Fuerzas de Operaciones Especiales. En ese marco, la Policía de Mendoza desarrolló una simulación de toma de rehenes en la que también se planteó la presencia de un explosivo.
El ejercicio requirió la intervención coordinada del GRIS, el GES y la División Explosivos. Además, se incorporaron drones pertenecientes a la unidad VANT para brindar apoyo durante el operativo.
Frente a un escenario de estas características, en el lugar se conformó un comité de crisis encargado de coordinar la respuesta y analizar la evolución de la situación para determinar las diferentes líneas de intervención.
Cada grupo asumió una función específica. El GRIS quedó a cargo de las tareas de negociación, con el objetivo de resolver la situación y preservar las vidas involucradas. Mientras tanto, el GES permaneció preparado para una eventual intervención táctica y la División Explosivos trabajó sobre la amenaza generada por la presencia del artefacto.
En esta simulación también se utilizaron los drones de la VANT, que permitieron realizar tareas de observación aérea y sumar información durante el desarrollo de la operación.
El entrenamiento permitió reproducir la dinámica de una situación crítica y poner a prueba no solamente las capacidades particulares de cada grupo, sino también la coordinación entre las distintas unidades y recursos que debían intervenir de manera conjunta.


Preparación constante para intervenir ante una crisis
Las tomas de rehenes, las personas atravesando situaciones de crisis, las amenazas con explosivos y los procedimientos judiciales de alta complejidad estuvieron entre los escenarios para los que los integrantes de la FOE se prepararon de manera permanente.
Ese entrenamiento tuvo luego su correlato en situaciones reales. Desde su creación en 2018, las Fuerzas de Operaciones Especiales participaron en 332 intervenciones relacionadas con situaciones críticas y lograron salvar 445 vidas.
Durante 2026, la cifra alcanzó las 30 vidas salvadas en 32 intervenciones.


La preparación frente a escenarios extremos tuvo como objetivo responder de manera adecuada cuando una vida quedó en riesgo y la intervención policial requirió capacidades especiales. Como último recurso policial disponible ante determinadas situaciones críticas, estos equipos debieron actuar con precisión y coordinación, ya que cada operativo podía resultar determinante para preservar la vida de las personas involucradas.
Para las Fuerzas de Operaciones Especiales, la preparación constante para intervenir en distintos entornos constituyó una responsabilidad profesional vinculada directamente con la necesidad de brindar una respuesta eficaz ante situaciones en las que cada segundo resultaba decisivo.





