El Teatro Independencia fue escenario durante este sábado y domingo de dos noches especiales protagonizadas por Pasado Verde y la Orquesta Filarmónica de Mendoza. La reconocida banda mendocina llevó su identidad roquera a un formato sinfónico y compartió escenario con la formación provincial en una experiencia que dejó una fuerte impresión entre los asistentes.
El encuentro había generado una gran expectativa desde mucho antes de su realización. Apenas se anunciaron las fechas, los seguidores de Pasado Verde agotaron todas las localidades disponibles. De esta manera, ambas jornadas se desarrollaron con un teatro completamente lleno y un público dispuesto a disfrutar de una propuesta diferente, marcada por el respeto y la atención hacia cada momento del espectáculo.


La presentación tuvo además un carácter inédito, ya que fue la primera oportunidad en la que Pasado Verde fusionó su propuesta musical con el lenguaje académico de la Orquesta Filarmónica de Mendoza. Para concretar esta unión artística se prepararon arreglos especialmente concebidos para los conciertos por el maestro Mario Galván, quien además tuvo una destacada participación desde el piano.
La formación de Pasado Verde está integrada por Exequiel Stocco en voz, Fabricio Potenzone en guitarra, Leo Lémoli en batería, Joaquín Ferreira Nazar también en guitarra y Franco Santillán en bajo. A ellos se sumó la Orquesta Filarmónica de Mendoza, bajo la dirección del maestro Pablo Herrero Pondal.


La combinación entre ambas formaciones permitió recorrer algunos de los temas más reconocidos de la banda, aquellos que fueron acompañados por las voces de sus seguidores, pero también abrió la posibilidad de presentar otras canciones y descubrir nuevas dimensiones dentro del repertorio de Pasado Verde.
Con más de 50 músicos sobre el escenario, el espectáculo construyó una propuesta de marcada identidad estética. La incorporación de los sonidos de la Filarmónica amplió el universo musical de la banda y generó una experiencia especialmente pensada para los sentidos.


Las dos funciones fueron concebidas como una invitación a encontrarse con la música en vivo desde una perspectiva colectiva, buscando una conexión directa y consciente entre los artistas y el público. El resultado fue un encuentro entre el rock mendocino y la música sinfónica que convirtió al Teatro Independencia en el escenario de dos noches memorables.





